Evolución, razas y especulaciones

No conocía aun a Nicholas Wade (no había nada publicado en castellano, ahora ya hay otro libro suyo que tengo pendiente) pero cuando se publicó “Una herencia incomoda“, causó tal revuelo entre la comunidad científica que había que leerlo.

La premisa del libro es que la evolución humana no se detuvo hace 60.000 años con la aparición del ser humano moderno, sino que hemos seguido evolucionando y esta evolución ha hecho posible la aparición de razas humanas diferentes (el termino raza, en lugar de etnia, es el que se utiliza en el libro). Los diferentes fenotipos, la expresión de los diferentes genotipos, presentes en cada raza son los responsables de las diferencias físicas y de comportamiento que explican, en parte, el devenir de los diferentes pueblos de la tierra. Las diferencias entre individuos son insignificantes pero a nivel de comunidades estas diferencias pueden expresarse en la mayor o menor prevalencia de rasgos en el carácter y comportamiento de una sociedad.

La idea de las diferencia genéticas entre las razas le ha supuesto al autor el rechazo de la comunidad científica. Ya lo esperaba, la primera parte del libro la dedica a criticar el, en su opinión, “tabú” imperante entre los científicos a hablar de razas. Tampoco es el primero, a Richard J. Herrstein y Charles A. Murray ya les calló encima toda la comunidad científica cuando publicaron “La curva de Bell” en 1994. En fin, no tengo problema en comprarle a Wade que existen diferentes razas de humanos, pese a que, como dicen los científicos que niegan la existencia de razas, pueda haber más diferencias genéticas entre dos personas de tipo caucásico que entre este y un amerindio.

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Maíz Indio por Vilseskogen, Creative Commons BY-NC 2.0

La segunda parte del libro es, según dice el mismo autor, muy especulativa. Apoyándose en multitud de estudios busca evidencias en la biología y la genética que puedan explicar la causa de las diferencias en la conducta de las 5 razas principales. Mucha evidencia falta aun para que pueda hablarse de una relación causa/efecto a nivel de grupo. Si finalmente se confirma, Wade se llevará el crédito de haberlo propuesto.

Un concepto me ha parecido muy interesante para comprender como un rasgo humano se expande entre una población, las expansiones duras y las expansiones blandas. Una expansión dura sería aquella de un alelo (una variación de un gen) muy beneficioso para una población y que por ello se propaga por prácticamente la totalidad de esa población. Un ejemplo claro sería una alelo que proporcione protección a un tipo de malaria y que por tanto la mayoría de la población en el área afectada posee. En cambio, en una expansión blanda no hay un alelo que se expanda de forma casi unánime entre la población, sino multitud de pequeños cambios que finalmente tienen un efecto perceptible sobre un rasgo de la población. La altura de las personas es afectada por cientos de génes, pongamos que son 500, y cada uno de ellos tiene un pequeño efecto sobre la misma. Digamos que cada gen, o alelo, es responsable de un aumento de 2 mm en la altura de una persona, la variación de solo un 10% de esos alelos entre la población provocaría un aumento de 20 cm en la altura promedio. Esta es una forma más fácil de comprender la evolución humana que la total sustitución del alelo de un gen por otro y hace más fácil de aceptar la propuesta de Wade sobre la preponderancia de unos rasgos u otros del carácter o comportamiento en una raza.

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Siempre te encontrarás un halcón en tu camino

Podríamos considerar esta entrada una continuación de otra anterior: “De ratones y ratas“.
Una de las cosas que te das cuenta en cuanto te acercas a la teoría de juegos y la evolución en busca de respuestas, es la desalentadora constatación de que siempre habrán halcones.
Una población en la que se encuentre el porcentaje adecuado entre halcones y palomas disfrutará de una estrategia evolutivamente estable, es decir, no hay otra estrategia que pueda desbancarla. Esto implica que necesariamente deben existir halcones, personas que no cooperarán con el prójimo. Es más, la mejor opción es que aleatoriamente todos nosotros juguemos unas veces a ser palomas y otras halcones.
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Por Municipal Archives of TrondheimCC BY 2.0

Por lo tanto, en todos los aspectos de tu vida social, laboral, tus relaciones con tus amistades, conduciendo por la carretera, en la cola del supermercado, te encontraras a alguien que actúa como un halcón aprovechándose de las palomas. O quizás eres tú.
En otras palabras, a un cabrón que te jode el día.
Addendum: Aún tengo que decidir si los votantes del PP, o al menos una parte significativa de ellos, siempre se comportan como halcones con la esperanza de obtener parte del botín o simplemente se trata de un defecto congénito.

Comparando sociedades

Solo un tipo como Jared Diamon, que ha vendido millones de ejemplares de sus libros, puede permitirse publicar un librito basado en unas conferencias realizadas en Italia, en las que trata desde la pobreza y riqueza de las naciones hasta los males del colesterol y la tensión alta.

A destacar que Diamond incluye en su discurso sobre la riqueza y la pobreza de las naciones el papel de las instituciones defendido por los economistas Daron Acemoglu y James Robinson en Por qué fracasan los países a los que responde que, sin ser errónea su explicación es incompleta. Y es incompleta, arguye, por qué no explica como unos países han creado unas instituciones que proporcionen riqueza y bienestar a sus ciudadanos y otros no. Diamond sostiene que la agricultura y la creación de sociedades complejas son el paso previo a cualquier institución, buena o mala. El libro que estoy acabando ahora propone otro origen a las diferentes instituciones humanas. En fin, un libro más.

De ratones y ratas

No tiene esta entrada nada que ver ni es ningún homenaje a la novela de Steinbeck “De ratones y hombres“, aunque quizás si ya que no la he leído y no se de que trata.

El título de esta entrada está motivado por una referencia en un libro que acabo de leer, Guerra Absoluta de Christopher Bellamy, sobre un estudio del economista Mark Harrison titulado “La URSS y la guerra total ¿por qué no se derrumbó la economía soviética en 1942?“. El estudio, como deja claro el título, trata sobre la economía de guerra de la Unión Soviética durante su segundo año de participación en la Segunda Guerra Mundial, momento en el que habiendo perdido a manos de los alemanes una gran porción de la parte más rica, con más recursos y población del país, con gran parte de la industria de guerra aun siendo trasladada e instalada tras los montes Urales lejos del alcance de la aviación alemana, ni la economía ni la sociedad ni el país colapsaron. En esas circunstancias extremas, dice Harrison, la sociedad se divide en dos clases de personas a las que llama “ratones” y “ratas”. Los ratones son aquellas personas que honestamente siguen realizando su trabajo y contribuyen con el a la supervivencia de la sociedad en la que viven. Las ratas son aquellas que intentan aprovecharse de la situación para su beneficio personal. Harrison sostiene que en una sociedad con muchos ratones, el beneficio de ser rata es muy elevado, puesto que te aprovechas de un gran número de personas, pero, si debido al elevado beneficio que produce muchas personas se convierten en ratas, el beneficio desciende ya que la porción de tarta a repartir se reduce. En otras palabras, si hay suficientes ratones el edificio se sostiene, pero si el número de ratones desciende y aumenta el de ratas, llegamos a un punto donde el equilibrio se rompe y el edificio se desploma.

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Por Edal Anton LefterovCC BY-SA 3.0

La misma idea la podemos encontrar en El gen egoísta de Richard Dawkins hablando sobre la evolución humana. Dawkins dice que los genes solo buscan replicarse ellos mismos. Si aparece un gen halcón, el los denomina “palomas y halcones” en lugar de “ratones y ratas”, en una población de portadores del gen paloma, le irá estupendamente bien aprovechándose de las palomas, prosperará y se replicará aumentando de esta forma la cantidad de portadores del gen halcón presentes en la población. Pero, de la misma manera que pasa con las ratas y los ratones, al aumentar el número de halcones disminuye la cantidad de palomas por halcón de los que aprovecharse. Si los genes halcón siguen replicándose llegará un momento en que  dejará de ser provechoso ser halcón, con lo que los portadores del gen halcón no podrán prosperar y disminuirá su número, disminuyendo a su vez el número de genes halcón replicándose y aumentando de nuevo el número de palomas por halcón entre la población.

The Falcon & The Pigeon I
Por Michael SenchukCC BY-SA 2.0

Lógicamente, las relaciones en una sociedad, de células o de personas, no fluctúan como un péndulo de un extremo con una mayoría de palomas, a otro, con una mayoría de halcones, sino que tienden a alcanzar un equilibrio, los sujetos adecuan su comportamiento según el ambiente en el que se mueven alcanzándose lo que en teoría de juegos se llama una estrategia evolutivamente estable (o EEE). Si has visto “una mente maravillosa” y recuerdas lo que es un equilibrio de Nash, una EEE es un refinamiento de un equilibrio de Nash.

Escribo sobre esto porqué, y ahora viene la magufada, en mi concepción del mundo solo hay dos tipos de personas: las que intentan mejorar la sociedad en la que vivimos y las que solo buscan sacar partido propio de la misma, lo que se corresponde grosso modo con las motivaciones de los ratones/palomas y ratas/halcones.

Diria que a un nivel inconsciente nos comportamos como halcones o palomas, al nivel consciente elegimos ser ratones o ratas.

Actualización 21/08/2016: He encontrado un artículo en xatakaciencia interesante sobre este tema: ¿Halcón o paloma? Teoría de juegos y cooperación.